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«Es notable con qué silencio ha transitado por la vida y el enorme legado que ha dejado…». Así se refería un viejo amigo, hace poco y bien acertadamente, a Mauricio González-Gordon Díez, V Marqués de Bonanza (Hampton Hill, Reino Unido, 1923 – Jerez de la Frontera, 2013). Porque, ¿quién entre tanto ornitólogo novel y ecologista contemporáneo conoce la figura de este padre de la ornitología y del conservacionismo de nuestro tiempo? Quizás los apelativos que mejor encajaban a Mauricio fueran los de ornitólogo y vinatero —su familia ha sido y es líder de la introducción del jerez en los más diversos y apartados mercados, a través de la que quizás sea la marca más conocida del negocio del vino español, el famoso fino Tío Pepe—. Pero Mauricio era un puñado de cosas más: gran mecenas de la ciencia, consumado navegante deportivo, enólogo eminente capaz de discernir con un golpe de nariz todo el potencial de un joven vino, estudioso y conocedor de la astronomía y una de las escopetas más finas que yo he visto en el campo. Y, además, tenía esa rara habilidad de rayar la perfección en cada una de las diversas actividades que desarrollaba.

Tal vez su más importante contribución a la literatura cinegética sea su capítulo en «La Caza en España», del conde de Yebes (Ed. Orellana, 1964), donde, con admirable precisión, describe la caza de patos y ánsares en la marisma y hace un análisis magistral de las querencias y costumbres de las aves acuáticas. Otra no menos importante de sus contribuciones fue la traducción de «Wild Spain», de Chapman y Buck, para la Asociación de Bibliófilos Venatorios, 1963. «España Agreste», que es el título de la edición española, es una joya de nuestra historia cinegética.

Los años de infancia y juventud pasados en Inglaterra influyeron sin duda en su inclinación por el estudio de las aves, en una época en la que el cultivo de las ciencias naturales era la ocupación más popular en aquel país. Y, a través del negocio del vino, el marqués de Bonanza debió conocer también a mucho naturalista y deportista de campo. Fue representante en España de la British Ornithologists’ Union y se reveló como una pieza clave para la fundación de la Sociedad Española de Ornitología en 1954, de la que también fue presidente. Al mismo tiempo, Mauricio había hecho posible y participó en las Doñana Expeditions —su familia era propietaria de una parte de Doñana—, unas expediciones científicas llevadas a cabo en la década de los 50 por un grupo de naturalistas expertos, como Julian Huxley, Guy Mounfort, Max Nicholson, Roger Peterson, Phil Hollom, etcétera, en las que también participó un joven Tono Valverde que estrenaba su licenciatura en ciencias biológicas. A Tono le facilitó Mauricio muchos contactos extranjeros que, a la postre, contribuyeron a la creación del World Wildlife Fund, con el propósito de comprar una parte de Doñana para dedicarla a la investigación biológica y a la conservación. Aunque lo ignoren los animalistas y activistas anticaza de hoy, el WWF fue creado por cazadores con el propósito de preservar ciertos terrenos de Doñana, los que hoy ocupa la Estación Biológica. En la misma década, Mauricio tradujo la primera guía ilustrada de aves que hubo disponible en España, la de Peterson, Mounfort y Hollon (Omega, 1957), todos ellos miembros de las Expeditions, antes mencionadas.

Pero, quizás, lo que menos se le ha reconocido a este ilustre ornitólogo es la carta que, junto con su padre, escribió a Franco en 1953 para intentar convencerlo de que su gobierno detuviera el proyecto de transformación de terrenos y plantación de eucaliptos en Doñana, carta que constituye el más pionero y brillante manifiesto conservacionista de nuestro país, comparable al archiconocido manifiesto que el jefe indio Seattle dirigió al presidente Franklin Pierce de Estados Unidos en 1855, y que surtió los efectos deseados: salvó Doñana de aquel proyecto desarrollista.

Mauricio González-Gordon Díez representó en su tiempo un eslabón más, y precisamente uno muy valioso, de aquella cadena de románticos deportistas y naturalistas, mayormente británicos que, en los dos últimos siglos, visitaron o vivieron en el extremo suroccidental de España por sus implicaciones en el negocio del jerez o por sus obligaciones del servicio en Gibraltar y, en su tiempo libre, se dedicaron a la caza y al estudio de la naturaleza. La familiar imagen del vinatero o militar, cazador y ornitólogo. Mi padre, gran amigo suyo, fue otro de ellos.Original Article


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