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La propiedad de un vehículo propio está perdiendo peso en detrimento de otras alternativas de movilidad existentes en los grandes núcleos urbanos. El fenómeno del «carsharing», el alquiler de un automóvil por periodos cortos de tiempo, es hoy una opción real para los conductores y, en el caso de Madrid, ya supera el medio millón de usuarios.

El funcionamiento es sencillo: el cliente tiene que descargarse una aplicación, registrarse, aportar un método de pago y su permiso de conducir. Con esto ya puede consultar el coche más cercano a su localización y hacer la reserva de forma telemática. Las empresas que ofrecen este servicio destacan, además, sus beneficios medioambientales, ya que buena parte de la flota son vehículos eléctricos o híbridos enchufables.

Sus orígenes en España se remontan a 2010 con el nacimiento, en marzo, de Respiro y en octubre de Bluemove. Estas marcas ofrecían una alternativa al coche particular con la que desaparecían los gastos de aparcamiento, seguro y mantenimiento. En noviembre de 2015 entró en el mercado Car2go con 350 biplazas eléctricos. Un año más tarde, a finales de 2016, a Car2go le salió un competidor: Emov llegaba a Madrid con 500 coches. En diciembre de 2017 empezó a funcionar Zity, surgida de la asociación de Ferrovial y de Renault, también con una flota de medio millar de vehículos. La última firma en introducirse en el mercado fue Wible, que arrancó su andadura en junio de 2018.

El sector ha experimentado un importante crecimiento desde sus inicios hasta hoy. Según el «VII Estudio Españoles ante la nueva movilidad», realizado la segunda quincena de enero por el Centro de Demoscopia de Movilidad a partir de 3.048 encuestas, en 2018 el porcentaje de entrevistados que afirmaba haber usado este tipo de servicios era del 12%. En 2019, la cifra se ha incrementado hasta el 43%.

Juan Luis Antolín, director de comunicación de la consultura Pons Seguridad Vial, una de las entidades que ha participado en la elaboración del estudio junto con Autofácil, Wible y Moovit, apunta a la multiplicación de la oferta como uno de los factores que han podido incidir en una «mayor conciencia de la gente a la hora de disponer de otras alternativas».

En el caso de Madrid, el dato se dispara: el 82,60% declaró haber recurrido alguna vez a esta opción, aunque el coche propio continúa como el modo de transporte más utilizado en el día a día (46,16%). En cuanto a los usos que se le da al «carsharing», el mayoritario en la capital son los desplazamientos urbanos (33,73%), seguido de ocio (21,84%) y trabajo (11,08%).

Antolín resalta el auge que ha vivido el «carsharing» y su popularización entre la población: «En 2016 llegamos a preguntar si conocían el término y la gente, mayoritariamente, no lo conocía. En torno al 18% sabía qué era este concepto. El salto ha sido gigante».

El compromiso
ecológico también ha aumentado entre los españoles, ya que, según el mencionado informe, un 55% de los encuestados piensa, con respecto a la contaminación que producen los vehículos, que es urgente abordar el problema.

Ganancias futuras
Pero el negocio aún no genera beneficios económicos. Ignacio Román, director general de Emov en España y Portugal, afirma que las compañías se encuentran en una «primera fase de apertura y de consolidación», por lo que no cree que «a día de hoy ninguna de ellas sea rentable». Sin embargo, señala que Emov «en un plazo de tiempo razonable debe apostar por ser sostenible económicamente».

En esta línea, Javier Martínez Ríos, CEO de Wible, reconoce que la empresa ha acometido una «fuerte inversión» y que ni este año ni los próximos esperan obtener ganancias: «Son 500 coches que generan todavía pérdidas en el servicio. En unos años iremos poco a poco estabilizándolo para llegar a la rentabilidad».

Esta forma de transporte es adecuada para personas que realicen un uso poco habitual del coche (menos de 15.000 kilómetros anuales). Por ejemplo, con unos 7.000 km al año, el coste de la modalidad del «carsharing» sería de unos 2.900 euros anuales, mientras que con un vehículo propio ascendería a los 5.200.

El CEO de Wible indica que «con 10 km diarios, en el caso de que se usase todos los días, sería más barato usar fórmulas compartidas a tener un coche en propiedad».

El director general de Emov, por su parte, destaca que la posesión de un vehículo privado hoy en día, para un ciudadano de Madrid, teniendo en cuenta todos los gastos asociados, supone, en un coche pequeño o medio, en torno a 5.000 euros al año. «Soluciones de movilidad como la nuestra son muy interesantes en grandes ciudades y para personas que no hacen un uso intensivo del vehículo», asegura Román.

Cuidado del planeta
Los automóviles de alquiler pueden circular sin dificultad por el centro de Madrid, ya que cumplen con los requisitos medioambientales exigidos. La entrada en vigor de Madrid Central, la medida del Ayuntamiento que restringe el tráfico privado en el Distrito Centro, podría haberse traducido en un nuevo impulso para el carsharing, pero las empresas del sector coinciden en que la medida apenas ha incidido en su actividad. «No hemos constatado un crecimiento de los viajes ni una mayor utilización en esas zonas. No ha supuesto un efecto positivo en empresas como la nuestra», dice el director general de Emov.

Desde Wible señalan que la iniciativa del consistorio madrileño no les ha influido de manera significativa, como sí ha ocurrido con los protocolos anticontaminación: «Dan clarísimamente una subida del servicio en esos días».

Perfil de usuarios
Las cuatro compañías de carsharing que compiten en la capital de España reúnen más de medio millón de usuarios. Car2go cerró 2018 con 237.000 usuarios en Madrid. Emov también supera los 200.000 fieles en la capital. Zity cuenta con 175.000 clientes y Wible con 100.000.

Los ciudadanos que se animan a utilizar el servicio no responden a un perfil único, aunque sí comparten ciertas características. Contra la falsa creencia de que estos coches son utilizados sobre todo por los segmentos más jóvenes de la población, en empresas como Wible la media de edad es de 40 años, de los cuales un 70% son hombres. «Normalmente son personas familiarizadas con la tecnología, usuarios early adopter».

En el caso de Emov, el cliente promedio es un hombre de 36 años, aunque cada vez hay un número mayor de mujeres, que hoy alcanza el 40%. El director general de la compañía resalta que, con el paso del tiempo, se han ido adhiriendo todo tipo de usuarios, buena parte de ellos personas mayores de 65 años.Original Article


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