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En España hay 670 municipios que tienen menos habitantes que concejales el Ayuntamiento de Madrid. Se dice pronto: en un 8,25% de los pueblos de España hay menos de 57 personas censadas. Pese a que en estos lugares son pocos, también hace falta que alguien los gobierne. Como en todos los sitios también necesitan un alcalde cada cuatro años, con la diferencia de que aquí no se cobra y la remuneración por ostentar el cargo, más bien, se divide entre dolores de cabeza y satisfacciones derivadas de intentar mantener con vida a las localidades más olvidadas de la ya de por sí dejada España vaciada.

¿Y cómo a alguien se le ocurre meterse a alcalde de su pueblo si no va a cobrar un duro y si tampoco tiene especiales aspiraciones políticas? En primer lugar por eso, porque es su pueblo. A partir de ahí las motivaciones son diversas, aunque todas ellas mucho más firmes que el compromiso con unas siglas mostrado por aquellos que buscan un minuto de gloria en política para aprovecharse de las rentas toda la vida. «Me presenté por amor a mi madre. Nadie se quería presentar y ella tenía el sentimiento de que el pueblo iba a desaparecer. Entonces le dije que no se preocupara, que ya lo hacía yo porque alguien tenía que dar el paso para que mi pueblo no se muriera», confiesa Juan Carlos Duarte, el alcalde de Leza de Río Leza, un municipio riojano de 41 vecinos.

Plenos de tres personas
Duarte ha estado cuatro años al frente del Consistorio bajo las siglas del PP, aunque su militancia es muy diferente a la de sus compañeros de partido que salen por televisión. Tiene un trabajo mucho más oscuro y, como poco, igual de necesario. «Lo más duro, quizá, sea que esta política se basa en la acción directa con los vecinos. Al hacerles entender que también tenemos que cumplir con el ordenamiento legal, aunque seamos muy pocos, hay que tener cuidado porque cada vez que les dices algo que no les gusta te mentan a todos los muertos», comenta entre risas el alcalde que, no contento con lo vivido -y pese a que su madre ahora no quiere que se presente por los «disgustos que se lleva»-, aspira a la reelección el próximo 26 de mayo.

La historia de Virginia Alberdi es parecida. Después de unos años en la política regional extremeña, ahora se presenta a la Alcaldía de Cachorrilla, un pueblo de Cáceres de 83 habitantes -como un pleno y medio de Madrid- donde ya fue concejal y que gobernó durante varias legislaturas su abuelo. «No sé si estuvo seis o siete», reconoce Alberdi al hablar de Francisco, su abuelo, quien le inoculó el veneno de la política: «Cuando yo tenía 23 años me pidió que le ayudara y ahí estuvimos los dos en el Ayuntamiento».

Ahora, décadas después de aquel inicio, Alberdi se presentará como alcaldesa del PP con una cuenta pendiente por solucionar. «Tengo una espinita clavada, que es abrir el centro de día que se acabó pero no está abierto», explica la candidata de un lugar donde sólo hay tres concejales en el Ayuntamiento. «Los plenos son como los de cualquier otro lugar», dice quitándole hierro al asunto.

Campañas diferentes

Manuela Carmena, como alcaldesa de la capital, cobra 102.000 euros
. En cifras similares se mueven los primeros ediles de las grandes ciudades. En el pueblo cacereño de Alberdi, sin embargo, el presupuesto del año pasado fue un poco mayor, de 112.000 euros. Con eso, en Carrascosa de la Sierra, un pueblo de 19 habitantes de Soria, les da para vivir todo un año y les sobran casi 20.000 euros. El presupuesto municipal ronda los 95.000 y con eso hay que hacer de todo. «El pueblo tiene que estar bien todo el año, tanto en invierno como en verano, cuando viene mucha gente y tranquilamente tenemos 200 personas», subraya José María Valoria, el primer edil, que aspira a volver a coger el bastón de mando bajo las siglas del PSOE, y que aprovecha la oportunidad para reconocer el trabajo de una figura denostada en política por algunos, concretamente aquellos que conocen la España despoblada y rural únicamente de sus últimas vacaciones: «Las diputaciones nos ayudan bastante y son muy importantes para lugares como Soria, ya que centralizan muchos servicios».

José María Valoria es el candidato del PSOE en Carrascosa de la Sierra (Soria)

ABC
Los tres afrontan ahora la recta final de la campaña, que obviamente es menos intensa que la de los Sánchez, Casado, Rivera o Iglesias. Los deberes hay que hacerlos en cuatro años y en unos días no se puede arreglar mucho, quizá por eso se lo toman con más calma. «La campaña aquí es muy directa, como ha sido siempre, casi hablas con cada vecino», resume Duarte, quien desde su pueblo de La Rioja hace un balance de sus últimos años en el Ayuntamiento que podría ser idéntico al de alcaldes de otros pueblos similares: «Te da más satisfacciones que disgustos, sobre todo porque ves que haces cosas que ahí quedan, que has aportado tu grano de arena». Al final, la política es, o al menos antes era, eso.Original Article


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