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No suelen tener mucha suerte ni protagonismo los fichajes que el Barcelona suele realizar durante el mercado invernal, a pesar de la insistencia de Valverde por ver reforzada su plantilla. Ya sucedió el año pasado cuando Yerry Mina se vio relegado al banquillo y a la grada pagando el hecho de ser un fichaje al que el técnico no dio el visto bueno. También llegó Coutinho, como inversión más cara de la historia del club catalán, y aunque dispuso de más oportunidades, se vio lastrado por la imposibilidad de ser inscrito en la Champions League y la obligación de adaptarse rápidamente a un estilo de juego peculiar. Ahora estas situaciones parecen repetirse tras las llegadas de Jeison Murillo y Kevin-Prince Boateng. El defensa fue solicitado como medida de urgencia ante la desconcertante lesión de Samuel Umtiti, que aún sigue de baja, y las continuas molestias que sufre Thomas Vermaelen. Con Pique y Lenglet como únicos centrales del primer equipo se hacía necesaria la llegada de un defensa que conociera la Liga española y pudiera jugar de inmediato. Algo similar ocurrió con Boateng después de que el Barcelona decidiera deshacerse de Munir, lo que dejaba en cuadro a la delantera y sin referente en el ataque cuando Luis Suárez no está.

Decisiones normales que costaron tres millones de euros por las dos cesiones. El Barcelona pagó un millón de euros al Sassuolo por el medio año que Boateng lucirá la camiseta azulgrana y otros dos al Valencia por Murillo. Lo que no es tan normal es que esta inversión no tenga rendimiento inmediato, cuanto menos en participación. Desde que Murillo fuera presentado a finales de diciembre, solo ha disputado dos encuentros de los once que podría haber jugado. Aunque uno de ellos fue a causa de una sanción en la Copa, el resto los ha pasado completamente en el banquillo, salvo ante el Girona y el Sevilla que se quedó fuera de la convocatoria. El colombiano solo ha jugado la eliminatoria copera de octavos de final ante el Levante con una derrota en la ida y una victoria en la vuelta. El caso de Boateng es casi peor si cabe. Su coste anulaba el ingreso por Munir y su participación ha sido mucho menos que la de Murillo. Con un solo entrenamiento fue de la partida en el complicado partido copero en Sevilla (2-0), fue sustituido a la hora de juego y desde entonces, nunca más se supo. Han pasado cinco encuentros (Girona, Sevilla, Valencia, Real Madrid y Athletic) en los que no ha salido del banquillo. Si llegaba para dar descanso a Luis Suárez, no ha dado resultado porque el uruguayo ha completado todos los encuentros.

«Murillo era una situación de emergencia. Cumple con los requisitos que se había marcado el club al poder jugar inmediatamente, conocer la Liga española y el fútbol europeo al máximo nivel. Nos hemos tenido que mover rápido. Urgía esta solución y nos ha salido bien, porque pensamos que es un gran jugador», aseguró Valverde sobre el defensor, defendiendo la cesión por su bajo coste económico: «Si tuviéramos 100 millones de euros para poner encima de la mesa y traer un jugador que está jugando de titular… pero no era el caso. Eso no quita que confiamos en Murillo y en que podrá ayudarnos». Solo ha jugado dos partidos, aunque el propio Murillo se siente confiado en hacerse con un hueco: «Queda en mí demostrarle al míster y al equipo por qué fui el elegido». Más claro parece que tiene su papel Boateng: «Sé que no es mi rol venir aquí a jugar como titular porque hay unos jugadores increíbles. Estoy aquí para aportar mi experiencia y ayudar cuando pueda. Mi objetivo es quedarme aquí muchos años», explico al aterrizar en el Camp Nou.Original Article


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